Marcos, el monarca
Hernán Vanoli debuta en Iceberg con un perfil de Galperín, el empresario detrás de Mercado Libre y Mercado Pago.
Por Hernán Vanoli
Admirado por los empresarios argentinos, idolatrado por los panglosianos del neoliberalismo en ruinas, rechazado por todos aquellos que sienten que el Estado es la solución a casi todos los problemas y vituperado por una amplia gama de nostálgicos del siglo XX, la historia de Marcos Galperín no es sólo la historia del primus inter pares de los emprendedores argentinos. Es la historia de una mutación en las formas del poder soberano. Si en el mundo premoderno los monarcas hacían ostensible su poder en base a grandes puestas en escena que funcionaban como índices de su conexión con la trascendencia, Galperín ha logrado penetrar en la vida cotidiana de su pueblo por medio de la presencia microfísica de sus productos, mientras que su cuerpo se sustrae en las sombras, pero se expande en los teléfonos del populacho. Mientras que los antiguos reyes cobraban tributos que muchas veces ponían su legitimidad en jaque, Galperín prefiere acopiar información, recibir comisiones y producir intereses. Pero por debajo de estas diferencias hay una continuidad entre las viejas monarquías hereditarias y la nueva monarquía tecnofeudal: la soberanía del rey se basa en la ubicuidad. Hay un punto en el cual los monarcas están más allá de los símbolos y de las instituciones, porque ellos mismos son las instituciones. El cuerpo y los símbolos se fusionan. El antiguo rey era el estado; Luis XIV inmortalizó una frase quizás apócrifa (“L’État, c’est moi”) y que desembocó en la revolución francesa. El tecnomonarca post posmoderno ya no corre esos riesgos porque es una aplicación, o un set de aplicaciones que le permiten existir a la velocidad en la que circulan las cosas. Su poder ubicuo no sólo radica en ser un símbolo o una institución, sino en perseverar a través de ellos: su “tecnología”, una sinécdoque de su cuerpo, es el espacio donde las cosas suceden, flotan, se aceleran.

Marcos, el multiplicador
¿Qué es un nepobaby? Se podría arriesgar: alguien que usufructúa su linaje para construirse como una pequeña celebridad. El nepobaby es un heredero de un capital de visibilidad que le llega por sangre. Y ese capital, muchas veces subestimado por la tradición sociológica, es un habilitador de negocios para la nobleza lumpen que emerge del basurero conformado por los restos de la comunicación masiva. Marcos Galperín no pertenece a esta estirpe, no es un nepobaby. Es más bien un hijo indiscutible de la fractura social que separa a aquellos que nacen en familias de negocios y de aquellos que nacen en familias de salarios. La grieta de las cargas sociales: los que las pagan, los que las reciben. En el medio, aquellos que las ven pasar con la ñata contra el vidrio: el cada vez más correntoso mar de los cuentapropistas y de los informales, con los estatales como sus siameses no deseados. Dentro de este panorama de estamentos donde la movilidad ascendente es un recuerdo o un error, el Rey Marcos fue desde arriba hacia más arriba. Ernesto, su padre, es un empresario, es cierto. Condujo la curtiembre SADESA, fundada por su abuelo materno de origen alemán en 1941 en Esperanza, Santa Fe. SADESA se dedicaba a la producción y exportación de cueros, y contaba entre sus clientes a marcas nacionales como Grimoldi y a internacionales como Adidas o Nike. Marcos aprovechó su estirpe y se fue a estudiar a Estados Unidos. Primero, finanzas en la escuela Warthon de la Universidad de Pennsilvania, después un MBA en la californiana Stanford. Trabajó en la JP Morgan y en YPF. Pero no es un CEO más. No se dedicó a cuidar la fortuna familiar, o a circular en el mundo corpo en base a bonos anuales y cenas de negocios y brunchs en las lomas de San Isidro. Fue por más. Multiplicó lo que recibió. Lo expandió territorialmente. Hizo algo mucho más difícil que crear algo nuevo: creo algo grande. Pierre Bourdieu comentó alguna vez que muchos rentistas se dedicaron a la escritura, pero Flaubert hubo uno solo. El Rey Marcos, nacido en 1971, es en un punto como Flaubert: su escritura sobre la nada son los cientos de millones de imperceptibles transacciones burbujeantes que llevan impresa su efigie digital. Una literatura sobre la nada.
Marcos, el expansivo
El valor de MELI (así se la conoce en NASDAQ y así la llaman en el mundo corpo) es de aproximadamente 100 mil millones de dólares. Se puede acceder a sus servicios en Argentina, Brasil, México, Chile, Colombia, Perú, Uruguay, Venezuela, Bolivia, Costa Rica, República Dominicana, Ecuador, Guatemala, Honduras, Nicaragua, Panamá, Paraguay y El Salvador. Brasil es la plaza principal. En el país de Lula, Mercado Pago acepta PIX, el sistema de pagos electrónicos del Banco Central Do Brasil, hegemónico en el país vecino. Los argentinos también podrán disfrutar de esta opción si visitan sus playas gracias al envión del dólar barato. Pero Meli es mucho más que un Marketplace o un sistema de medios de pago. Al igual que Amazon, fortalece Mercado Envíos, su propia red logística de almacenamiento y de entregas. Ofrece dinero en Mercado Crédito, publicidad en Mercado Ads, y herramientas de comercialización en Mercado Shops. Se trata de una red de servicios, mercancías y dinero en permanente expansión, en permanente mutación. Sus planes de crecimiento incluyen la expansión de servicios como el comercio B2B para clientes corporativos, lanzado recientemente en varios países; inversiones significativas en infraestructura logística y tecnología; el desarrollo de nuevos servicios financieros y digitales; y proyectos regionales que buscan profundizar su cuota de mercado frente a competidores como Liverpool en México, Lojas Americanas en Brasil, y Amazon y Temu a nivel regional. La expansión es vertical, logrando nuevas categorías de productos para comercializar, y horizontal, intentando lograr hegemonía en las diferentes ramas del negocio financiero. En algún momento del siglo XXI, Galperín había declarado que se retiraría de su empresa a los 45 años, porque no quería que todo lo que había hecho estuviera dentro de la sombra de Meli. Pero a las palabras, a diferencia de lo que ocurre con los grandes imperios, suele llevárselas el viento.
Marcos, el democratizador
La democratización del comercio y de las finanzas supo ser una de las principales pasiones del Rey Marcos. Desde la izquierda hay quienes dicen que se trata de dos términos en tensión, casi antitéticos si tenemos en cuenta la concentración del capital en manos de inmensos fondos de inversión –Blackrock es solo uno de ellos– muchas veces más poderosos que naciones, corporaciones o ejércitos. Pero Galperín considera que la democratización de las finanzas es sinónimo de libertad individual. Quizás su afinidad con el gobierno de Javier Milei provenga de esa fe. Es innegable que una gran cantidad de pequeños comercios y de personas no bancarizadas tuvieron acceso al crédito y prosperaron gracias a su tecnología. En un mundo que tiende a la fluidez y a la informalidad, Mercado Libre y Mercado Pago, junto a otras “tecnologías” como las que proponen Google o Meta, permiten que los pequeños comercios lleguen a su clientela de formas que antes eran imposibles. El autoempleo y el pequeño emprendedurismo florecieron. También es cierto que, en foros y covachas, y lejos de la protección mediática de los grandes anunciantes publicitarios, los siervos de la tecno-gleba se quejan de sus exageradas comisiones, y ponen en cuestión hasta qué punto agrega valor y hasta que punto tiene una renta cuasi monopólica de intermediación. En 2021 dijo Marcos en La Tercera de Chile: “Nosotros democratizamos el acceso al comercio y el acceso a los servicios financieros, lo que quiere decir que Mercado Libre le permite a cualquier persona, independiente de dónde viva, comprar lo que quiera, al mismo precio, con envío gratis y pagado en cuotas, tal como si viviera en una gran ciudad. Y también del lado de los vendedores… Esta capacidad de que una pequeña empresa pueda competir mano a mano, en igualdad de condiciones, con los grandes centros comerciales, no había pasado nunca en la historia del comercio…”. Y hay una gran porción de verdad en sus palabras. Como también es verdad que ninguna pequeña empresa de tecnología puede competir con su imperio. Su proyecto, a fin de cuentas, sería el de una democracia escalonada, en sintonía con la que diseñan sus colegas Elon Musk, Mark Zuckerberg o Jeff Bezos, y su escriba semioficial Curtis Yarvin. Una economía de mercado a medias, para los giles, dinamizada por los grandes monopolios tecnológicos.
Marcos, el guerrero
La dimensión de un héroe suele tener un fatal parámetro en la naturaleza de sus enemigos. La última, o al menos la más resonante gran cruzada del Rey Marcos por la democratización del dinero y del comercio, fue contra la barbarie burocrático-estalinista de los Bancos. El conflicto se explica por el crecimiento de las billeteras virtuales, aplicaciones que permiten manejar dinero desde el celular sin pasar necesariamente por un banco tradicional. Mercado Pago es la número uno en el país, pero comparte esta categoría con Ualá, Naranja X o incluso la Cuenta DNI. Con estas apps se puede pagar con QR en comercios, enviar y recibir dinero, pagar servicios, cobrar ventas e incluso invertir el saldo. Mercado Pago, por su escala y presencia masiva en comercios y usuarios, se convirtió en la billetera dominante y pasó a competir directamente con los bancos en el uso cotidiano del dinero. Las tarjetas de débito, con sus comisiones, quedaron malheridas, boyando en las billeteras de cuero gastado. Para contraatacar, los Bancos dijeron que como los QR de Mercado Pago sólo podían pagarse con Mercado Pago, esto favorecía a Mercado Libre, que ya tenía una red muy extendida de comercios. El Banco Central intervino y estableció la interoperabilidad obligatoria, es decir, que cualquier billetera pueda pagar cualquier QR. Aunque esta regla está vigente, su implementación fue conflictiva y dejó una disputa abierta sobre costos, control del sistema y poder de mercado. Pero se podría decir que la caballería de Marcos salió diezmada de esta batalla. La siguiente se dio en el terreno de la administración de jubilaciones, sueldos y grandes saldos. Las asociaciones bancarias, en especial ADEBA (sí, las mismas del corralito y de los salvatajes financieros operados por los Estados) sostienen que las fintech no tienen las mismas exigencias regulatorias que los bancos y que permitirles operar como si lo fueran genera riesgos para los usuarios. Ante los ataques legalistas, la avanzada de Marcos siempre es plebeyista: sostuvo que los bancos buscaban proteger privilegios históricos y que las billeteras ampliaron el acceso a servicios financieros para millones de personas que antes no estaban bancarizadas o usaban muy poco el sistema tradicional. La cuestión está en suspenso. Pero como la mejor defensa, y Marcos lo sabe –y lo comprobó cuando en 1999 logró comprar DeRemate al ex embajador en Estados Unidos y excompañero del secundario en el Colegio San Andrés Alec Oxenford– es el ataque, Mercado Libre abrió otro frente y denunció a los bancos ante la Comisión Nacional de Defensa a la competencia por el funcionamiento de MODO, una billetera creada en conjunto por más de 30 bancos. Según Mercado Libre, MODO no es un competidor independiente, sino una acción coordinada del sistema bancario que limita la competencia y dificulta el desarrollo de otras billeteras. Un monopolio denunciando la creación de otro monopolio, en una adinerada versión del meme de Spider-Man. Los bancos rechazan la acusación y afirman que MODO es una respuesta legítima frente al avance de las fintech. Esa denuncia sigue en trámite y forma parte del núcleo duro del enfrentamiento. Pero para quemar las naves, y en paralelo, Mercado Libre solicitó formalmente que Mercado Pago sea reconocida como entidad bancaria en Argentina, lo que le permitiría operar bajo las mismas reglas que los bancos tradicionales y ofrecer servicios más amplios, como cuentas sueldo plenas. Ese pedido todavía está en evaluación por el Banco Central y no fue aprobado. En este terreno, el contraste con Brasil es clave: allí Mercado Pago logró integrarse plenamente al sistema financiero bajo supervisión del Banco Central brasileño, con cuentas, créditos y pagos funcionando de manera más armónica con los bancos. En una guerra donde no hay buenos ni malos sino ambición de dominio total sobre los modos en los cuales el dinero produce más dinero, ese antecedente refuerza el argumento de Mercado Libre de que el conflicto en Argentina no es técnico sino político y corporativo, y que lo que está en juego es quién controlará el futuro del sistema de pagos y del dinero digital. Los bancos argentinos cobran mantenimientos absurdos para las cuentas y su tecnología siempre está un paso atrás, además de que su atención al cliente suele ser muy mala. Pero el escenario de un monopolio en el manejo del dinero puede ser aterrador para los amantes de la libertad y de la libre competencia cuando les conviene, como el propio Rey Marcos.
Marcos y su némesis
Algo cambió en la forma de comunicarse del Rey Marcos en los últimos tiempos. En su tono. En sus modales. Quizás inspirado en Elon Musk, o cansado de las agresiones de sectores que vincula al kirchnerismo, su comunicación a través de la red social X subió de temperatura. El Rey Sol se pintó de betún, se despojó de la armadura del discurso emprendedurista y se tiró de clavado en el barro de Twitter (ahora X). Algo –probablemente la época– interfirió su sermoneo habitual sobre la democratización del dinero, los pequeños comerciantes y la tecnología y empezó a meterse un poco más en la geopolítica, en la economía doméstica, y en la ideología, así, a secas, en la pringosa ideología. ¿Saturación? ¿Aburrimiento? ¿Liderazgo? ¿Necesidad de no ser narrado? Es difícil saberlo. Cuando una usuaria de X lo acusó de negrero y de no pagar cargas sociales, el Monarca respondió:

En 2024, cuando le clausuraron un centro de distribución en La Matanza:





Pero los más comentados, quizás, son aquellos que conformaron su enfrentamiento con su némesis, el mesiánico y mediático Juan Grabois. Las simetrías son inocultables. Ambos son herederos. Sus padres eran segundas o terceras líneas en sus negocios (la política, la exportación de cueros) y ellos se propusieron y lograron superarlos. Y al menos, en el caso de Galperín, queda bastante claro que lo lograron. Ambos son talibanes plenamente convencidos de sus ideas y de su misión, despóticos y verticalistas, y ambos tienen un plan maximalista para Argentina. Grabois no quiere diferencias sociales sino una redistribución de la riqueza capitaneada por la casta política, quiere repartir la tierra, y como cree que con lo que hay alcanza y sobra muestra una aversión paleocristiana a la prosperidad donde confluyen el pobrismo del Papa Francisco con el izquierdismo de la juventud setentista y su hombre nuevo (y militante). Galperín es un meritócrata, donde el tecnomesianismo sacrificial de Peter Thiel confluye con el darwinismo social de Ayn Rand: quiere que cada uno reciba de acuerdo a su esfuerzo, menos Mercado Libre y su imperio, que en su faceta empresarial es una humilde y monopólica facilitadora de las robinsonadas anarcoliberales, además de, por supuesto, una inocua democratizadora del dinero. Ambos son latinoamericanistas, uno por negocios, el otro por ideología y viceversa. Grabois estudió sistemas, Galperín aplicó los sistemas a sus estudios de finanzas. Ambos fueron engordados por el kirchnerismo y se resisten a hacer dieta. De hecho, durante el kirchnerismo Mercado Libre fue protegida y alentada impositivamente por la Ley de “Productores de Software y Servicios Informáticos” del Ministerio de Economía y Producción, fechada en 2007. Según la Ley 25922, la empresa de Galperín tenía una bonificación del 70% de las contribuciones patronales y el 60% del impuesto a las ganancias hasta el 2019. Las ayudas recibidas por Grabois son más opacas. Pero sigamos con las comparaciones: ambos son tenaces, no bajan los brazos y sueñan, en formas más o menos públicas, con la presidencia de la nación. Uno milita en la CTEP, que busca organizar a los cartoneros en cooperativas para que construyan una vida digna, el otro en Endeavor, que para Milton Friedman, uno de los padres teóricos del monetarismo y representante de la escuela de Chicago (además de ídolo de Milei) es “el mejor programa anti-pobreza del mundo”. Como Martin Luther King, yo tengo un sueño: que el Rey Marcos y el Cruzado Juan tengan el amor suficiente para deponer la carcasa de la ideología y se unan, tomen unos mates o un latte, o viceversa, en San Isidro, donde ambos nacieron, y firmen un pacto de sangre y hagan una inmensa y definitiva caza de brujas, un mani pulite redentor, con hogueras medievales y aplicaciones tecnofeudales, y lleguen a un gran acuerdo para que la Argentina sea grande, acaso por primera vez.
El mañana nunca muere
¿Hasta dónde llegará el Imperio del Gran Tecno Monarca, el único empresario argento que está en otro level? Por lo pronto Meli se expande. Coloniza en silencio el negocio de los medicamentos, planificando una apertura de su vertical de farmacia. Viene a respirarle en la nuca a la alemana PedidosYa, a la colombiana Rappi y a la catalana Glovo, en el rubro de pedidos de alimentos y comidas. Por más que El Monarca viva en Camboya, en Omán, en Punta del Este o en tu celular, Mercado Libre es una gran empresa argentina signada por la épica. De hecho ingresó en Nasdaq 100, el índice con las primeras 100 compañías globales de tecnología, en reemplazo de Yahoo!, la compañía que fue sinónimo de Internet en los 90. “Yahoo era Google más Facebook juntas. Y por esa creación destructiva propia del capitalismo hoy se va y entra Mercado Libre, que antes no existía”, declaró O Rei. “No querés ser el próximo Yahoo. Es una adrenalina muy importante. Y por eso me encanta lo que hago. Si dejás de innovar te sacan del ring”. Cotiza en bolsa desde el 9 de agosto 2007. Ese mismo día el cataclismo que llevó a la crisis mundial de 2008, originada en la burbuja inmobiliaria de los Estados Unidos, comenzó a hacerse sentir. Los mercados cayeron 40 puntos y por primera vez desde el atentado a las torres gemelas los gobiernos de Estados Unidos, Europa y Japón debieron inyectar dinero para que el sistema bursátil no se desplomara. Marcos recuerda aquel momento: “Fue horrible. Habíamos hecho nuestro roadshow. Tres semanas con un equipo en EE. UU., donde estaba yo, y otro en Europa. En las reuniones, los inversores tenían detrás las pantallas de Bloomberg: todo rojo. Una IPO en ese momento era imposible y menos para una empresa latina”. Sin embargo, Mercado Libre cotizó bien, la demanda superó a la oferta y la empresa tuvo un gran debut. En 2006, antes de ingresar a la bolsa, tenía ingresos por 50 millones de dólares. Hoy tiene ingresos netos anuales por más de 20 mil millones. El mismo Galperín relató como en 1999, cuando aún estudiaba su Maestría en negocios de la Universidad de Stanford, le pidió ayuda a Jack McDonald, uno de sus profesores, para conseguir inversores dispuestos a arriesgarse en su startup. McDonald lo contactó con John Muse, del conglomerado de fondos de inversión por entonces llamado Hicks, Muse, Tate and Furst, y Marcos se ofreció a hacerle de chofer rumbo a su jet privado. Según la anécdota, el Monarca Chofer erró voluntariamente a varias bajadas de la autopista para tener tiempo de hablar y finalmente entusiasmar al financista con su proyecto. Parece que Muse mordió el anzuelo, y junto a sus dólares y con el tiempo llegaron también los de Goldman Sachs, Flatiron Partners y Banco Santander, entre otros. ¿Pero cuál es su destino final? Muchos dicen que, además de la mina de oro geopolítica que conforma la información financiera, logística y de perfiles de consumidores a nivel regional que posee la empresa, tan relevante que la que pueden poseer las IAs de Meta o de Google (por más que Guillermo Moreno considera que Galperín “no tiene stock”) el futuro de Meli es acuñar su propia moneda, y desarrollar su amor por la competencia en el mundo del dinero. De hecho, Mercado Libre ya ha lanzado y utiliza activos digitales. Mercado Pago lanzó una stablecoin respaldada en dólares llamada Meli Dólar (MUSD), disponible para clientes dentro de la app, diseñada para reducir la volatilidad típica de otras criptomonedas. Además, en 2022 la empresa lanzó otra criptomoneda denominada MercadoCoin como parte de su programa de lealtad en Brasil, vinculada a recompensas y beneficios dentro del ecosistema de Mercado Libre y Mercado Pago. Si bien esto no es exactamente un “nuevo dinero digital”, ya que ni Meli Dólar ni MercadoCoin funcionan como monedas de curso legal ni como sustituto de monedas oficiales (sino que están anclados al valor del dólar para funciones específicas de pagos y balances dentro de la plataforma), ¿qué nos garantiza que Marcos no será capaz, en el futuro y bailando al son de una geopolítica revuelta, de acuñar algún tipo de criptomoneda para uso externo generalizado, fuera de sus servicios específicos? O pensando de otra manera, ¿quién garantiza que el dinero que funciona dentro de su ecosistema no hará superfluo al otro dinero, porque la vida entera de cada vez más personas acontecerá dentro de los confines de su Imperio? ¿La gran mesa de saldos nacanpop debería pensar en nacionalizar la banca o en Melizar la región? ¿Alguien piensa todavía en una nueva revolución francesa?