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Modo Avión | El botón y la ucronía de Cepeda

Un newsletter de fin de año sobre arqueología en campos de batalla, uniformes militares y pasados, presentes o futuros alternativos

 |  Andrés Conti  |  Modo avión

1 Se termina un año más, comienza otro y nada cambia. O todo cambia. O cambian algunas cosas. Bah, la verdad es que la compulsión de la humanidad de medir el tiempo y los deseos de los individuos que integran ese colectivo tienen una relación rara. No sé cuánto de la necesidad de medir el transcurso del tiempo es una alerta continua que nos hace saber -más o menos- lo que nos queda de vida. Ya sea que le hayamos encontrado el sentido o no (a esa vida), la cuenta regresiva inconsciente se activa cada fin de año y, con ella, el análisis del pasado y las predicciones o resoluciones para el futuro.

2 La ucronía es una historia alternativa que se desarrolla a partir de un momento en el pasado en que algo sucede de manera diferente a lo que realmente pasó y a partir de ese punto cambia el presente. El ejemplo típico de una obra literaria hecha a partir de este ejercicio es El hombre en el castillo, una novela de Philip K. Dick que imagina el mundo tras un triunfo de las fuerzas del Eje nazi por sobre los Aliados en la Segunda Guerra Mundial. Si esa realidad alternativa se transforma en un futuro imaginario opresivo y negativo, como es el caso de la novela que citamos antes, tenemos una distopía. Pero una cosa no implica la otra: puede haber ucronías sin futuros distópicos y distopías sin que haya cambiado nada de la historia real.

3 Acá es donde junto el punto 1 y 2 de este newsletter, el último de 2025 de Iceberg. Es fin de año y no puedo evitar analizar el pasado y anticipar el futuro. Lo veo distópico, perdón si esperaban otra cosa. Y ahí se me dispara la idea de la ucronía: qué hubiese pasado si no pasaba lo que pasó y pasaba otra cosa (es casi un trabalenguas). Entra en escena entonces la cuestión de ese concepto que se usa mucho en los debates por streaming para desacreditar al contrincante de turno: el valor del pensamiento contrafáctico (contrario a los hechos o a la realidad). ¿Tiene sentido pensar o imaginar qué hubiese pasado -o qué pasaría- si hacemos esto y no lo otro? Parece que hoy no, a juzgar por lo que dicen las cabezas parlantes en los streamings. La única verdad es la realidad.

4 Estuve pensando mucho en esto de la ucronía por esta boludez del fin de año y porque tuve la posibilidad de leer una tesis de grado de la ahora antropóloga por la Universidad Nacional de Rosario (UNR) Cecilia Arias Morales, que lleva por título “Hacer presente lo ausente: Arqueología de la indumentaria militar en la Batalla de Cepeda de 1859”. Cecilia forma parte de un equipo de investigadores que desde 2011 trabajan en el sitio donde ocurrió la “segunda batalla” de Cepeda (hubo una anterior, en febrero de 1820), bastante cerca de Rosario, en el norte de la provincia de Buenos Aires. Más precisamente a algunos kilómetros de la localidad de Mariano Benitez, partido de Pergamino, donde el arroyo Cepeda y el de los Cardos forman una horqueta y una cañada.

5 El 23 de octubre de 1859 se enfrentaron en esa horqueta y en esa cañada el ejército de la provincia/estado de Buenos Aires, al mando del general Bartolomé Mitre, con sus enemigos de la Confederación Argentina, encabezados por el entrerriano Justo José de Urquiza. La guerra civil entre las dos facciones que pugnaban por imponer un proyecto de país llevaba ya tiempo y, una vez más, parecía definirse a favor de las provincias federales. Ganó Urquiza y se firmó el Pacto de San José de Flores. El entrerriano eligió (o sólo pudo) negociar la paz con el enemigo en lugar de imponerla “por la fuerza”. El resultado fue que la incorporación de la provincia/puerto nunca se hizo efectiva y en 1861 vinieron Pavón y la derrota/abandono de Urquiza que desencadenó, dos décadas después, en la unificación nacional bajo el liderazgo unitario. Y esto sí se hizo “por la fuerza”.

Ilustraciones de botones encontrados en el lugar de la batalla de Cepeda.

6 Si digo que la tesis de Ceci es sobre botones y hebillas, no estoy faltando a la verdad, pero es un clickbait de manual. “La batalla de Cepeda está como medio olvidada, si se quiere, dentro de la historia oficial. Es una de las batallas en las que Mitre pierde, entonces, como la mayoría de las batallas que ha perdido… Son esos momentos en que parece que la Argentina se unifica pero de repente suceden otras cosas. Pero sí es muy importante para el desarrollo de la historia o de la idiosincrasia de la Argentina”, me explica Cecilia una mañana en la oficina que ocupa en el Museo Provincial de Ciencias Naturales “Ángel Gallardo”. Igual, yo quiero hablar de los botones y hebillas para la tribuna del clickbait.

Ceci y un perro buscando restos arqueológicos de la batalla de Cepeda

Lo cierto es que el equipo que integra Cecilia investiga hace tiempo el territorio de aquel campo de batalla desde una perspectiva arqueológica, lo que implica la búsqueda de rastros de ese acontecimiento enterrados en suelo que hoy es privado y dedicado a la explotación ganadera y agrícola. ¿Qué encontraron? Principalmente distintos tipos de balas y municiones, que es lo que aparece casi siempre en un campo de batalla después del inexorable paso del tiempo. Dialogando siempre con los documentos históricos no sólo se puede saber con qué tipo de armamento contaba cada bando, sino que la forma en que los objetos se disponen en el terreno del enfrentamiento es un dato buenísimo para entender la dinámica de cómo se dio. Por ejemplo, se puede comparar un parte de batalla, que siempre busca inflar el accionar de los propios y tirar al bombo el de los ajenos, con el patrón de dispersión de las municiones y de esa manera llegar a muchas conclusiones nuevas.

Cecilia encapuchada con un detector de metales

Bueno, la cosa es que Cecilia decidió dejar un poco las balas de lado y se enfocó en los -ya profusamente publicitados en este texto- botones y hebillas.

7 “Generalmente los temas que se abordan dentro de estas investigaciones de campos de batalla van más apuntadas a lo que es armamento, tácticas de combate, todo lo que tiene que ver más explícitamente con eso, digamos. No hay tesis específicas sobre uniformes que sean desde la perspectiva arqueológica”, explica Cecilia. “Me resultó más atractivo por el hecho de que eso no implicaba directamente al armamento, sino que tal vez podíamos apuntar a cuestiones más simbólicas, más identitarias”, agrega.

-¿Y qué encontraste?- le pregunto.

-Materialmente, en lo que hace referencia a los uniformes, son botones, hebillas, algunos remaches, broches, elementos muy pequeños. Es muy loco, muy particular, muy raro encontrar en campos tan inmensos, en metros cuadrados tan amplios, este tipo de elementos tan pequeños. Es un trabajo bastante meticuloso. Y, en principio, lo que encontramos en ese registro arqueológico tiene el mismo patrón que los hallazgos de balas y restos de metrallas. Están distribuidos con la misma regularidad.

Cecilia con la dueña de uno de los campos en donde investigan.

8 Las investigaciones arqueológicas de este tipo no se quedan en el hallazgo de objetos materiales. Lo que sucede en el mientras tanto es indagar en la documentación para poder darle contexto al cosito ese encontrado en la tierra. Utilizando una metáfora pedorra pero muy efectiva, el botón desenterrado abre un portal al pasado que es infinito. De todas las lìneas investigativas que se disparan de la tesis de Cecilia a mí me llamaron la atención estas:

-El detalle de las identificaciones de los distintos regimientos o batallones grabados en los botones, la simbología de la pertenencia a algo inclusive en un objeto tan pequeño. Nuestra sociedad estaba altamente militarizada en el siglo XIX, ya que casi nadie estaba ajeno a las guerras. Así que los uniformes no eran algo menor.

-De todos los botones que encontraron, hay dos raros: uno con una llama flamígera que no corresponde con ningún hallazgo anterior ni documentación (ver imágen) y otro calado que muy probablemente pertenecía a vestimenta femenina.

-En la investigación documental se revela que, a pesar de estar en bandos enfrentados durante años, muchos uniformes de la Confederación Argentina se encargaban a tiendas y sastres de Buenos Aires. “Eso fue uno de los hallazgos más locos dentro de lo que serían los archivos históricos, los documentos. Pudimos acceder al Archivo General de la Nación, al Archivo del Palacio de San José y al Archivo General de la provincia de Santa Fe. Fue increíble encontrar dentro de los registros del Palacio de San José que se pedían uniformes a proveedores de Buenos Aires, cuando en ese momento en teoría estaban las relaciones totalmente rotas. Sin embargo, las relaciones comerciales continuaban. Esto se prohibe definitivamente en 1859, pero durante mucho tiempo seguían existiendo esos vínculos y es bastante llamativo pensar que en los mismos lugares se hacían uniformes para ambos bandos”, agrega Ceci.

-Se encontraron también botones genéricos, con marcas comerciales extranjeras identificables. “Hay varios. Las fábricas que fueron identificadas se pueden asociar: las inglesas más a los botones de la Confederación y las de origen francés a los de Buenos Aires”, dice Cecilia.

Al final le pregunto qué fue lo que más le llamó la atención a ella de su investigación. “Esperaba encontrarme en un principio con grandes diferencias, o con diferencias más tajantes, entre estos dos bandos que venían enfrentándose hace muchísimo tiempo, que eran dos proyectos de país. Y me di cuenta de una complejidad más interesante. Tal vez hoy, con los acontecimientos que suceden donde también vemos personas que cambian de ideas o de espacios políticos muy rápidamente se puede ver con otros ojos. Saber que esa realidad era tan compleja, que no se puede hacer una división tan tajante y que depende de las circunstancias, algunos estaban en un bando o en otro”.

9 Son muchas las preguntas que quedan pendientes a partir de la tesis de Cecilia y del laburo que sigue haciendo el equipo que integra, a pesar de las circunstancias actuales, en esos campo del norte bonaerense. No voy a meterme en eso, pero sí en otras preguntas que me hago yo. ¿Qué tal si, después de la segunda batalla de Cepeda, Buenos Aires se subordinaba a la Confederación y aceptaba sin reparos la constitución sancionada en Santa Fe en 1853? o ¿Qué onda si Urquiza no se retiraba de la batalla de Pavón en 1861? ¿Seríamos hoy un país distinto? ¿Seríamos dos países diferentes, uno integrado por las provincias del litoral, Córdoba, el norte y Cuyo, y otro de Buenos Aires al sur? No soy muy original con estas preguntas, ya se las hicieron miles de argentinos antes que yo. Pero, y acá voy a mi punto, ¿a nadie se le ocurrió escribir una buena novela, una serie, una película, un comic o lo que sea con esta premisa ucrónica? Le pregunté a doctores en letras e historia -y a inteligencias artificiales con suscripción paga- y no me pudieron mencionar un ejemplo concreto de una ucronía basada en estas ideas. Ustedes que leen ahora: ¿saben de alguna?

9 bis [Una parte de investigar es hacerse preguntas, responder algunas y que aparezcan otras nuevas. Nunca termina].

10 Entre las resoluciones que hice de fin de año, una es juntarme en enero con dos historiadores para imaginar eso que planteo en el párrafo anterior. Tengo una necesidad vital de poder pensar un futuro distinto al que nos lleva el natural derrotero de los acontecimientos, así que prometo contarles el resultado en un próximo newsletter. Por el momento aviso por este medio que Iceberg se toma un descanso hasta febrero, aunque en el mientras tanto vamos aparecer en sus casillas de correo electrónico de imprevisto, en modo random, con algunas cosas para que lean mientras el calor está parado ahí, en sus habitaciones, como un enemigo. Feliz 2026.


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